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Saturday, May 9, 2009

Delito y resurrección

Cuando las penas logran disiparse, cuando los ruidos de tu mente dejan de funcionar, al instante en que tú empiezas a pensar en la palabra prohibida, en la s seguida de la u y luego la i que comienza a formar el sentido, para acatar el sendero de la c, otra i, la d, otra i y para estas alturas la acción ya no necesita ser nombrada, es un camino para la desesperación, para el fin de tu destino, cuando no sabes qué hacer para acabar con el dolor y el enfrentar a la vida no es tu salvación, eres demasiado débil.

Tú crees que la debilidad es innata a mí, equivocado estás; pero me doy cuenta de la forma en que el mundo ve a la gente como yo y digo como, porque incluso aquellas no son exactamente iguales a mí. Sí, observo tu mirada, no crees lo que expreso; sin embargo, ni siquiera tú reconoces tus estereotipos, tu cerrazón a la vida; eres un ente que deambula por aquí y por allá siguiendo las reglas que los demás marcan; nunca innovas.

Lo que dices puede ser cierto o quizá no, mas algo no es errado, tú has cambiado, nunca serás las que fuiste, por eso te había ignorado, porque desprecias lo que yo adoro, porque a tu lado me haces sentir como un sujeto anacrónico en cualquier aspecto; fuiste para mí, pero ahora nunca más lo serás. Has avanzado.

Sé lo que dices. He visto hacia delante, nunca hacia atrás y mucho menos me he quedado estática a la mitad del camino mientras un camión me arrolla. Sí, no fue tu culpa, tampoco la de él. Veamos las diferencias: tú aún respiras, él está más muerto que tu madre. No me veas así, lo sabes, ella también debió morir, así como tú lo harás, ahorita mismo, aquí; esta pistola que sostengo será colocada al lado de tu cabeza en tu ataúd. Sí, sufre, sufre, porque sólo oirás este sonido.

...


...

...


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Al fin, lo he hecho, aquél está inerte, en su cama, en su casa y nadie sabe qué le habrá pasado, a nadie le importaba, ni a mí. Lo peor es que no he sentido nada al jalar el gatillo, que cosas. Gato muévete, tu mirada no me asusta; le tengo más miedo a mis propios ojos, los espejos nunca serán tan acusadores. Lo mejor será llevar a cabo la palabra prohibida, es eso o mejor corro y considerando que mis piernas no tienen movilidad y que esta silla de ruedas no me da para huír sin aspavientos, mejor me acerco a esa ventana ¡Qué paisaje tan hermoso!

Veo los edificios, el Sol, ahora contemplo las ventanas, a las personas; todo y todos están más cerca, el piso aparece ante mí.

El cráneo queda deshecho, los viandantes oyen el ruido; con mi último aliento contemplo la mirada aterrada de esa joven de unos quince años, ¿la marcará el haber visto a una mujer morir? Ojalá no.

Curioso que lo primero que vea en esta forma incorporea sea mi delito, o más específicamente, la prueba del mismo: ese cuerpo maldito, ese sujeto sin alma, ese demonio en vida y Nada, nada aquí en la muerte, por él estoy aquí, en una oportunidad para renacer.

¡Qué bonita luz y oscuridad! Y aquí, ahorita renazco, soy otra, a comenzar de nuevo, a vivir.


Thursday, April 30, 2009

Niños. Ficción

No olviden que la ficción no es rival para la realidad:




Voló. La pelota salió de la escuela, pidió permiso para atravesar esa enorme puerta negra. Ya del otro lado observó cómo un carro se detuvo, bajó un señor y lo saludó.

Él, sin saber qué hacer, simplemente corrió hacia su regalo, con el que todo su grupo estuvo jugando, hasta este momento, cuando sintió un jalón, un golpe, más dolor; la bola con la cara de Mickey quedó sin dueño.

El director vio su reloj, como el que les había dado a los niños, apenas hace unas horas. Cruzó el umbral de la escuela y en la calle contempló a un Mickey solitario; al instante reconoció el presente y entró para llamar desde su oficina a la policía. Algo había sucedido.

Los infantes se arremolinaron en derredor y lo vieron con signos de interrogación en las miradas; de repente, un crío comenzó a llorar, posiblemente porque supo que ya no volvería a hablar con su mejor amigo, o quizá porque le dolía la panza. El director supuso que sería lo último; grave error.

Al llegar a casa, el pequeño que logró darse cuenta de la gravedad de la situación contó todo a sus padres, quienes incrédulos llamaron a otros padres, quienes, a su vez, marcaron más números. A las cinco de la tarde la escuela estaba llena con adultos discutiendo.

El niño que narró la historia a sus papás entró al salón donde los ruidos y las mentadas subían de tono; los mayores lo vieron y le dijeron que saliera, el infante obedeció y salió, pero no sólo del cuarto, sino de la escuela.

Después de una hora los quince padres se dieron cuenta de que sus hijos no estaban, así que salieron corriendo a buscarlos, mas no encontraron a ni uno. Entre gritos y sollozos se acusaron mutuamente. Un adulto calló a los demás y sugirió ir a sus casas para rectificar que los "escuincles no estuvieran jugando con sus computadoras".

Sin saber si ahí lo encontrarían, los progenitores del crío que siempre supo del desastre que se avecinaba abrieron la puerta y no atisbaron a su hijo; la señora lloró, el señor quedó de pie ante su hogar y contestó el teléfono cuando éste sonó.

Del otro lado de la línea se encontró con la voz de su hijo, quien le dijo la verdad: él y sus amigos no fueron raptados, sólo estuvieron conviviendo con los niños del hospital, para hacerlos feliz en este día, que sentía mucho que todos los adultos hubieran sufrido, pero que en vez de discutir hubiera sido mejor que se unieran para tener mayores posibilidades de encontrarlos, al fin y al cabo la clínica está a cuatro cuadras de la escuela. Ah, que había llorado porque se imaginó la soledad de los niños enfermos y por eso se le ocurrió hacerles compañía; aunque sentía que algo faltaba, pero no sabía qué.


El señor sintió ira, rencor, alegría y tristeza; su peque tenía razón, por qué no pudieron darse a entender él y los demás padres de familia, que pena. Llamó a los demás adultos, les narró la historia, mas sólo una señora no respondió con un dejo de alegría: su Leyki sí había sido raptado, ¿qué no se acordaba del auto, de la pelota de Mickey?

Esa madre había hablado con el director y éste le dijo que no, que de él si ni sus luces, que mejor fuera a la policía, que ella sí estaba chingada, que a él ni lo metiera. Aquí es relevante decir qué pasó después de que el director corrió hacia el teléfono de su oficina, después de la mirada llena de interrogantes de los infantes.

Kuali o Director corrió hacia su estudio, llamó a la central de seguridad pública, contestó una señora, quien le pasó al comandante Navebajo, quien le espetó, textualmente: "¡No me joda! ¿Ese chamaco era pendejo, lelo o algo? ¿Cómo que salió? ¿Por qué? ¿Qué usted le dio permiso? Entonces el pendejo es usted. Yo no puedo hacer nada. Imbécil, ¿qué insinúa? ¿Qué ruido? Ah, es que una puta me anda haciendo un trabajito (risa, risa y carcajada) Ajá, ajá, sabe qué, muérase idiota". Y la comunicación se cortó.

Pero después del idiota y antes de colgar, Navebajo soltó: "Si me sigue jodiendo y si hace alboroto, usted va a conocer mis bolas y después al diablo, ¿entendió? ¡No lo oí! ¡Dígalo! Bien, bien, ahora deje de chingar señor director".

Con esa conversación Kuali entendió, ese crío no iba a regresar. Lástima por la madre, aunque quizá él podría reconfortarla. Así que le habló, pero ella no entendió. Pobre mujer, la que le esperaba en la policía, donde de seguro estaba su hijo, sólo que no en calidad de detenido, o al menos no en "esa" calidad de detenido, sino en "otra", a los pies del superior.

Y por si fuera poco, pensó el director, hoy, que acaba el periodo de esta legislatura no se discutió ninguna ley referente a los derechos de los infantes, qué país, qué políticos, qué ley y cuál orden. Para calmarse, Kuali marcó otro número, una voz joven dijo: "Sí, sí tenemos menores de dieciocho, ¿a qué hora viene? ¿La de siempre? Bien, no olvide el cambio".


Tuesday, April 28, 2009

Sus clientes

Cae sin errar el objetivo; el líquido está en cada parte de su cuerpo y ella no deja escapar ni un gesto de dolor. Las heridas muestran sus músculos al descubierto y en el brazo derecho un pedazo de hueso logra observarse.

Arriba, él controla la presión del agua y a cada instante piensa en su familia, en su razón de vivir, que a la vez es su razón para matar, lo que lo convierte en un asesino sentimental; siempre son mujeres y nunca deja de recordar a sus hijas y a su esposa. Le duele hacer lo que hace, mas es esto o la muerte por desnutrición. Y aun así, quizá su cónyuge fallezca por soledad y sus hijas por aburrimiento.

Abajo, ella comienza a temblar; las rodillas al fin ceden y dejan en el suelo a esa fémina de treinta años.

El señor ve hacia abajo y sonríe al ver consumada la obra, su tarea del día está hecha. Ni pensar que nunca va a reconocer a su patrón, porque éste siempre se esconde a través del otro lado de la línea; mas, es esto o la muerte, ironías de la vida: evita a la flaca llevándole clientes.



Wednesday, April 22, 2009

Bzzzzz...

Voló entre la mesa, pasó por la casa recién construida del gato; éste maulló, aquélla siguió su travesía y aterrizó sobre algo de plástico.

El Pan Bimbo tuvo por cinco segundos una mancha negra y cuando el niño la descubrió ésta ya estaba de nuevo en el aire.

Acompañó al joven que hacía ejercicio; ella le contó las repeticiones y le dijo que una, una, le faltaba una, mas cuando él la escuchó simplemente se alejó y la abandonó.

Ella, molesta, fue a decirle al oído unas cuantas verdades; entonces él tomó un pedazo de papel ¡Un periódico!, que dicho sea de paso, quién sabe de dónde lo tomó. Con el objeto la atacó; sin embargo, ella fue más lista y lo esquivó sin mostrarle sus pasos especiales de danza especial espacial.

Regresó al hogar del felino y le habló un rato; no la escuchó, así que simplemente salió al aire de la calle y sin saber cuándo ni cómo ocurrió, sintió un tremendo golpe. Hasta ahí quedó.

Una señora sostenía un zapato en la mano, el cual tenía una mancha negra y una aleta que aún se movía, movía... Hasta que otro zapatazo y nada se movió.

La mosca los acompañó por un rato y le agradecieron con la muerte, a donde fue a zumbar a otro lado: Bzzzzz...

Wednesday, April 15, 2009

Saltos

Allá, allá.

Él observa y ahí está. Ella, la que quiere, la que desea, la que está a punto de saltar y de no exactamente caer en sus brazos.

El espacio de esta cuadra a la otra parece grande; ella ya vuela y lo ve a él, ve su mirada, su correr, su angustia y sobre todo recuerda aquel día.


Son las ocho de la noche y todavía no llega. Lo ve bajar de un auto extraño, una mujer lo agarra del brazo y hace que regrese a su carro: arranca.

Ella, la que sabe que son las ocho de la noche, comienza a llorar; es peor porque cuatro parejas que están a la espera de una mesa en ese restaurante súper especial ven toda la escena: le duele la indiferencia de él y lo que es peor le arde el orgullo; salir a la calle nunca va a ser igual.

Aquél prefiere a otra que a ella.

Con la mirada viendo el piso sale del lugar y ahora está aquí... en el piso, con la mitad del cerebro descubierto.


Cae, él llega, llora, la abraza. Ella ya no responde.

La hipocresía termina.

Y dos cuadras adelante de ellos un señor está a punto de volar y luego descender y atrás de ellos una señora corre...

Sunday, April 12, 2009

Vasto II

Vasto. El océano engulle a la mujer. Ella, quien es víctima de su propia mano. La pistola está lejos del cuerpo y la sangre ya deja de brotar.
El cuerpo del mar vuelve a su color azul y la lluvia cesa; los pescados salen a la superficie y un barco pasa cerca del lugar donde la fémina muere.
Nadie sabe la historia de aquella joven, del porqué de su visita a Hades y del motivo para molestar a Poseidón. Ella es una de muchas desconocidas que se calla a sí misma, por miedo a la realidad, a los hechos, a la traición.

Y para ellos es igual.


Thursday, April 9, 2009

A correr, de nuevo

Sólo por instinto llega a su casa. Poco Afortunada no tiene idea de quién vive ahí y cree que su cerebro le falla. La estancia es pequeña, mas cálida y además alguien la espera: un gato que comienza a ronronear.

Una tremenda frustración se apodera de la mujer y decide salir a caminar. Pasa por el mismo sitio donde horas antes, aunque ya no lo recuerda, tres sujetos la violan; también camina enfrente de la estación de policía a la que va a dar, donde pierde la memoria por culpa de un accidente sin sentido.

Afuera del lugar una niña está parada; únicamente observa hacia el cielo. A Poco Afortunada le parece familiar, un poco, pero no sabe de dónde la conoce. La adolescente, quien aún tiene la sangre en su ropa, reconoce a la mujer ; recuerda cómo la ignora.

Sin embargo, ambas féminas sienten una unión, se acercan poco a poco, pero, antes de lograr dirigirse la palabra, tres hombres aparecen ante ellas. Éstas reconocen a sus agresores y corren hacia dentro de la estación de policía.

Un trío de sombras van tras ellas.

La escena, toda, la observa una mujer que sabe qué acontece. Ésta trabaja como dueña de un establecimiento que está enfrente del nido de esos agresores sexuales y, según ellos, defensores de la ley. Abre la puerta de su tienda y antes de salir marca un número y no cuelga el teléfono.

Dentro del negocio sólo se escucha una oración: No estoy, regreso en tres días.

Wednesday, April 8, 2009

Descubrimiento asesino

Enciende. El foco ilumina la habitación y sorprende al espanto dentro del humano. Éste no desea ver, pero sigue con los ojos abiertos, las manos en el objeto aterrador y el líquido que escurre por sus dedos hasta el suelo.

La mirada se desvía por un momento; el piso, antes de color blanco, adquiere un color rojizo, que se combina con aquel tono amarillo, casi transparente, que tiene origen en la reacción de una parte de la persona que contempla todo el espectáculo.

La desnudez del ser es un alivio; por ello no se mancha. Pero aquel cuerpo, aquel ente inerte sí que está mancillado; casi no es posible reconocer su nombre, su origen y mucho menos se sabe el motivo por el cual está ahí, en ese baño, en esa posición, en este instante, aquí, cuando el que observa entra y lo descubre.

Apaga. La luz deja de existir; el dedo toca el interruptor, antes de que la persona caiga de bruces; el asesino no se ha ido; sólo espera el momento, instante que ya acontece, tiempo cuando descarga un golpe al cerebro del que acaba de mirar a la figura sin sentido, al humano sin proporción, al pariente lleno de golpes que lo deforman.

Una risa aparece. Alguien acaba de entrar a la casa y el criminal se esconde. Va a seguir...

Tuesday, April 7, 2009

Consecuencia de la ira innata hacia lo distinto

De pie sobre ese pequeño pedazo de tierra, de pie sobre lo único posible.

Con las manos en la cabeza, con un grito desesperado: ¡Yo! ¡Yo! ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué conseguí?

La nada le responde con un silencio lleno de almas sin un camino; los cuerpos delatan el hecho y ni el autor de tal acción sabe el porqué.

Cae de rodillas y no le importa la sangre que resbala por su abdomen; dentro de poco sólo va a ser él y el espacio.

Más allá, donde el mar parece seco, un letrero dice: "¡Bienvenidos! Lo nuclear gana sobre lo demás".

Recuerda aquel día, cuando el orbe entero decide comenzar una nueva era nuclear, una nueva guerra por el poder mundial, un nuevo conflicto por creencias diferentes, una reyerta por un corro de gente que no logra respetar al Otro.

Y aquí está el resultado. La destrucción es total, tan entera que él va a dejar de respirar en cualquier momento; él, quien es el que lanza la denostación inicial hacia aquéllos, hacia los diferentes, hacia los necios que no quieren, y ahora nunca van a ser, como él.

Todo por la ira innata hacia lo distinto.

Ya no hay igual ni disímil.

Nunca hubo tal realidad: todos fueron más parecidos de lo que pensaron; nunca se dieron cuenta.


Friday, April 3, 2009

Al Vecino

Corre detrás del auto y no logra hacer que se detenga. Ella ve su espejo izquierdo y lo ve atrás de ella, muy atrás.

Tan lejos lo observa que piensa: "No pasa nada si meto un poco la reversa". Pero en ese "poco" va un dolor que se combina con coraje y miedo hacia esa persona.

El auto se acerca a él, quien ve cómo sus días están contados; veinte y recuerda la primera discusión; quince y evoca la primera cachetada; diez y piensa en la primera golpiza; uno, ve cuando se casa con esa mujer, que ahora lo atropella.

Ella no piensa en nada, sólo siente. Quiere mover el pie a otro lado, pero un pedazo de ella, en serio, quiere hacer esto, lo que ya acontece, lo que Al Vecino contempla.

"Sí, una mujer loca acaba de arrollar a su marido" Son las palabras que se oyen en un teléfono de la estación de policía.

Cuelga el aparato y va a buscar a su madre, para contarle su acción del día. Claro que olvida que ella es quien en este instante acaba de salir de un coche, el cual tiene sangre en las ruedas, porque...

La memoria regresa al chico, que tiene de apellido: Al Vecino; enloquece y cae desde un tercer piso, a los pies de su progenitora y al lado de su padre.

La fémina regresa a su automóvil, aprieta una palanca que abre la cajuela; de ella saca un caja pequeña. La tira al suelo y aparece un arma; recoge el cartucho que está cerca de la pistola, la coloca a punto y de repente, después del estruendo, el silencio se apodera de la calle.

Para cuando el señor los encuentra ya es demasiado tarde. Desde entonces nadie camina por la cuadra: "Al Vecino".

Monday, March 30, 2009

Olvido en la fila

Ahí está. Voltea y reconoce esos ojos, el cómo come. Él la siente, sabe que es ella, pero no va a hablar, no va a decir: "¡Hola!" Ello implica dejar de prestar atención a la fémina con la que conversa en este instante.
Todavía oye a su acompañante, mas no entiende lo que dice, la mente está en otro espacio, e incluso en un tiempo que no es el presente.
Las miradas se cruzan y logran reconocerse. A todo respuesta, ella, la que no habla, ella la que disfruta el alimento con su propio estilo, ella decide dejar la fila, alejarse, dejar el ayer donde está y no buscar un hoy, un aquí.
Sólo observa sus pasos y a cada pisada un recuerdo regresa a su origen, al momento en que todo comienza y cuando, también todo termina

Wednesday, March 25, 2009

¿Destino?

La mujer cae debajo de la acera y no se fija en que un carro viene rapidísimo hacia ella. Los viandante oyen el frenón y sólo una mano sostiene los lentes de la mujer. Ella yace en el suelo y un charco de sangre se comienza a formar.
El conductor ni siquiera baja a ver su obra; sólo ve los ojos de las demás personas. Se desmaya. Quien tiene los anteojos de la muerta es una niña que ha visto todo el hecho; está paralizada. Cuando sale de su asombro, grita, grita. El sonido llega hasta dos cuadras, donde el marido de la occisa compra un poco de mariguana.
Al oír a la infanta el señor corre hacia el lugar en el que va a ver a su mujer y la encuentra en los brazos de la Calaca. Esta última señala al hombre su bolsa llena de hierba. El esposo entiende y de un jalón llena su cuerpo con maría. Muere de sobredosis.

Sunday, March 22, 2009

Unión

Ella baja la mirada y en sus ojos se percibe la decepción e infinidad de sentimientos que la entristecen. Él logra darse cuenta y busca sus ojos, los encuentra y les sonríe con la pupila. La joven capta el cambio en su interlocutor y siente un calor conocido. La felicidad la abraza, los abraza.

Lo que puede haber alrededor no importa; sólo están ellos dos. El mundo sigue activo, mas, eso no es relevante; el contacto con las palabras y los movimientos corporales los unen. Ella a él y él a ella. Quizá logren ser uno, quizá no, eso depende de sus acciones; aunque, a este paso, nunca se van a abandonar.


Friday, March 20, 2009

Aquí y allá

Y ahí está ella.

La observa a la distancia, se acerca poco a poco y cuando menos espacio existe entre los dos, ella desaparece y aparece en lugares distintos; él duda.

Entonces ella deja de teletransportarse de aquí a allá y él se vuelve a acercar y cuando están casi juntos, ahora es él quien comienza a tintinear y desaparece de aquí y surge hasta allá y el proceso se repite...

Sunday, March 15, 2009

Del hospital "Yo Soy S S"

Dentro de "Yo Soy S S":

La mujer, de más de setenta años de edad, siente un dolor fortísimo en su estómago. Ella llega a las ocho de la mañana y ya son las 20 horas y aún no sabe si la van a operar ahí o si la van a trasladar o, en primera, si es necesaria una operación, o si la van a dejar quedarse, etc...

Una de muchas Incertidumbres que viajan por las salas de "Yo Soy S S".

Thursday, March 12, 2009

Transporte y vómito

Un vómito enmedio del camión, un niño con manchas en su ropa sentado cerca, una madre que carga al infante y un enorme hueco que se abre en ese transporte, donde para los que recién llegan surge la pregunta ¿Él volvió el estómago? ¿Fue alguien más?


Y la duda persiste por un hecho en particular: cuando X, quien apenas sube, termina de pagar sus respectivos cinco pesos, una mujer se acerca al conductor, le da un billete de $50 y no exige la diferencia, y X lo siguiente que ve es el vómito y a la fémina que resulta ser la madre del niño , quien está más próximo a la basca.

Si X hubiera tomado el camión unas cuadras atrás, donde siempre hace la parada, tendría un conocimiento más certero del hecho; pero no, hoy no decide pararse temprano y el resultado es la incógnita del irregular suceso.



Tuesday, March 10, 2009

Todo por el boleto

Todo por el boleto.
Los "buenos días" de poco uso, los "dos, por favor", los "Cien", los: "¿Tiene recarga?". La fila, las pláticas, el agua del de atrás, las mochilas, los monederos, las bolsas, los jeans, los shorts, los shorts - shorts, las faldas, los pants, la piel blanca, morena, rosada.
Las miradas, las personas que se van y llegan; los "colados". Y la prisa, el reloj que marca la hora, el cambio, las monedas de a 50 centavos, de a peso, los billetes y las uñas de las mujeres del otro lado de la ventanilla y de nuevo los monosílabos: "Uno", "dos", "cinco" y el "por favor" que se olvida y el "buenas tardes" que nunca aparece y el "buenas noches" que pocos recuerdan.
Y los boletos, que aparecen con asombrosa facilidad en las manos del usuario y "el cambio" que se desliza y conoce a su nuevo dueño.
Atrás queda la fila, las conversaciones, las aguas, las ropas multi coloridas y las frases, el Dedo silente que se levanta y la Boca que no se mueve y la Mujer quien entiende y da Un boleto. Y de nuevo "el cambio", la prisa, las uñas, los gracias inexistentes y el por favor ausente.
Todo por el boleto.

Thursday, March 5, 2009

Un día más

Lucha entre percepciones:

"¡No estaba bien orillado! ¿Qué me voy a bajar cuando usted quiera?", grita la Mujer de unos setenta años, que lleva con la mano en el timbre desde hace casi un minuto y el camión al fin se detiene.
El Chofer también alza la voz: "Se hubiera bajado desde hace rato! ¡Vieja loca!", y ella, antes de terminar de bajar reclama: "¿Qué está loco? Allá atrás no me bajé, porque estaba mal orillado ¡Bestia!".

El silencio se apodera de la escena y ningún usuario opina, ni los que van parados ni los que están en los asientos; el día de hoy la modorra se refleja en cinco dormidos, tres escuchando música y uno leyendo, a nadie le parece importar la escena.

Un día más.

Sunday, March 1, 2009

Transformaciones por la sombra

La sombra del pájaro iluminó su rostro con alas y plumas y es cuando ella la reconoció. Corrió hacia ella, pero cuando la luz regresó observó a una ente con tridente y cuernos.
El cambio fue repentino y la imagen describió a la perfección su relación. Un ir y venir de traiciones mutuas las engatusó hasta el fin de sus principios y las llevó a esta situación: una de pie y otra acostada; una llora y la otra no se mueve; una está viva y triste y la otra está muerta , en el panteón, con la cara descubierta, a espera de que la tierra se la lleve y las sombras la dejen de transformar.

Monday, February 23, 2009

En el transporte

En sus ojos refleja el fastidio del día. Está apoyada contra el barandal y ve hacia ninguna parte; está perdida y presente; nadie la encuentra y todos pasan de largo: la prisa gana campo a la curiosidad.
Mueve la mano y hace fuerza; el frenón es demasiado prolongado, va a dar hacia enfrente donde una mochila detiene su paseo y la regresa a su lugar de origen.
El tubo llega más allá que sus ganas de seguir ahí; desea el hogar, la cama, comida y la cama. Faltan dos cuadras y se prepara para descender, sabe que el viaje casi termina y eso la alegra; sonríe.
El último minuto pasa corriendo y gana el juego contra la apatía y la mujer ve su unidad, de color rojizo y esto incendia su ánimo y baja del camión. Se dirige a un enrejado y se pierde entre los gigantes de cemento que engullen la desidia de la gente y la transforman en felicidad.

Y así como ella llega a su destino otros apenas comienzan su travesía envueltos en un virus de cansancio o de burbuja alegre. Cada quien vive como quiere su odisea en el transporte.